El problema mente-cuerpo

 Construcción y análisis de la vida virtuosa según la Ética de Spinoza, pt. I

    La ética es una disciplina filosófica encargada de la razón práctica, es decir, de la aplicación en nuestra vida de los principios racionales. Como sabemos, la ética se ocupa de conceptos tales como los del bien y del mal, la felicidad o la libertad. Intuitivamente hablando, uno esperaría encontrarse, en un determinado sistema ético, una serie de preceptos o normas de vida las cuales, según nos aseguran, nos acercarían a estos conceptos a un nivel experiencial. En este sentido, si nos adscribimos a una determinada ética con el objetivo de alcanzar, por ejemplo, la felicidad, correríamos el riesgo de que susodicho sistema nos prohíba realizar ciertos actos en los cuales encontramos placer y nos recomiende otros que, en cambio, repudiamos. 

    La 'Ética demostrada según el orden geométrico' de Baruch de Spinoza – filósofo holandés del siglo XVII – no puede ser más diferente. En efecto, lo que Spinoza promete es que para alcanzar la felicidad basta ser libre, y para ello es necesario y suficiente esforzarse en ser uno mismo. Esta conclusión resulta tanto más curiosa cuando, al poco de adentrarnos en su obra, descubrimos que Spinoza esboza una Naturaleza – sinónimo de realidad – determinista, en el que todo ocurre necesariamente según la potencia infinita de Dios. ¿Cómo, pues, podemos ser libres si todo ocurre según Él ha establecido?¿No estamos siendo ya nosotros mismos en cada momento? En las sucesivas publicaciones sobre la Ética espero poder dar respuesta a todas estas preguntas que, lejos de encerrar una contradicción, señalan a ojos del holandés una comprensión inadecuada de la Naturaleza; particularmente, de nuestra Alma o Mente – para Spinoza son sinónimos – y de nuestro Cuerpo. Será un viaje largo, pero las conclusiones intermedias y finales merecerán la pena.

I. Estructura de la Naturaleza. Determinismo y paralelismo. La solución al problema mente-cuerpo.

    El primer paso consiste en entender cuales son, según Spinoza, las leyes y la estructura de la Naturaleza. Comencemos por comprender los elementos que la componen.

    Según el filósofo, la Naturaleza está formada por sustancias y afecciones o afectos. Por sustancia entiende "lo que es en sí y se concibe por sí"; o equivalentemente, "aquello cuyo concepto no necesita del concepto de otra cosa para concebirse". Mientras, una afección o afecto es una modificación finita de una sustancia; o en otras palabras, aquello que ha sido determinado a existir por otra cosa. Por ejemplo, tú, querido lector, eres una afección y no una sustancia en tanto que para concebirte es necesario considerar a tus progenitores, pues de no ser por ellos, no existirías. Junto a esta distinción, Spinoza introduce un tercer concepto, el de atributo, que define como "lo que nuestro entendimiento percibe de una sustancia como constituyendo su esencia". Entendamos esta definición recuperando brevemente a Descartes – filósofo francés inmediatamente anterior a Spinoza y precursor suyo –, pues precisamente Spinoza va a resolver ciertos problemas de su doctrina mediante este concepto.

    Quizá recuerden que, para Descartes, el mundo estaba compuesto de tres tipos de sustancias: la res infinita (Dios), la res cogitans (cosa pensante) y la res extensa (cosa extendida). El ser humano, por ejemplo, es un cuerpo – una cosa con cierta extensión y figura – con un alma que le otorga capacidad de pensar; de suerte que los animales (machinae automata), no poseen alma – no pueden pensar – y, por tanto, solo son cosa extensa. En virtud de esto, el ser humano presenta una diferencia esencial con respecto a los animales y es capaz de acceder a una dimensión de la realidad, la del entendimiento, privada al resto de seres vivos. La manera de formular esta distinción, empero, llevaba al francés a varios problemas que hoy en día seguimos sin resolver satisfactoriamente: principalmente, la conexión entre lo físico y lo mental. ¿Cómo es posible y en qué maneras lo físico puede favorecer unos pensamientos en lugar de otros, y cómo nuestro pensamiento puede provocar cambios en nuestro Cuerpo, que a su vez influyan luego en la Naturaleza? Descartes, en 'Las pasiones del alma', resolvía esta cuestión mediante la glándula pineal. De acuerdo con el galo, la glándula pineal es una zona del cerebro humano que alberga al Alma y que posee la capacidad, tanto de recibir los movimientos del Cuerpo para imprimirlos en el Alma en forma de sensaciones, como de mover al Cuerpo a causa de las percepciones del Alma. También es encargada de la memoria, en tanto que podría recuperar las sensaciones del Cuerpo asociadas a una posición particular de la glándula. Para justificar todo esto, Descartes invocaba la existencia de unos "cuerpos muy pequeños que se mueven rápidamente", llamados "espíritus animales", que son capaces de entrar en las cavidades del cerebro a través de la sangre y de desplazar la glándula pineal, así como de recibir los movimientos que el Alma imprimía en dicha glándula y repartirlos luego por el Cuerpo para que éste reaccione, salvando algunos pormenores, según la voluntad del Alma. 

    Spinoza encontraba esta explicación un tanto oscura, puesto que no explicaba satisfactoriamente, por ejemplo, qué movimientos de la glándula pineal producían tanto el Cuerpo como la Mente; ni en qué grado la res extensa y la res cogitans se influían mutuamente a través de ella. También se ignora cómo el Alma es capaz de desplazar la glándula sin ayuda de los espíritus animales. En efecto, Descartes únicamente explica que tanto los objetos exteriores como la voluntad del Alma producen ciertos movimientos en la glándula, pero no cómo los espíritus producen el movimiento y por qué son esas posiciones determinadas y no otras las que son capaces, por un lado, de mover el Cuerpo de una determinada manera y, por otro, de provocar unas pasiones o emociones del Alma. El francés realmente ofrece una descripción de la conexión entre ambas realidades, y no una explicación. Spinoza, que a fin de no errar escribe su Ética como si de una demostración matemática se tratase, encuentra que su antecesor no ha mantenido su exigencia de rechazar todo pensamiento del que quepa duda. Necesariamente, pues, debe rechazar sus explicaciones y encontrar unas nuevas.

    A pesar de estas críticas, la diferencia entre lo extenso y lo racional es demasiado intuitiva al hombre como para que el holandés no la reconozca. Consecuentemente, es necesario otorgarles su estatuto ontológico y explicar cómo se relacionan. Para responder, pues, a las críticas que esgrimía contra Descartes, Spinoza introduce la noción de atributo a fin de dar cuenta precisamente de todas estas realidades. Dirá que la sustancia, en tanto que es infinita, posee infinidad de atributos; y en particular el ser humano es capaz de captar dos de ellos: el del Pensamiento y el de la Extensión. Sin embargo, y a diferencia de su antecesor, logrará demostrar que todas las afecciones se expresan en la sustancia bajo cada uno de su infinidad de atributos, y que según las percibamos bajo unos u otros, se nos aparecerán correspondientemente de una forma u otra. Por ejemplo, cuando Spinoza afirma que "el Alma es la idea del Cuerpo", realmente expresa que el ser humano se manifiesta como un Cuerpo bajo el atributo de extensión, mientras que lo hace como Alma o Mente – facultad de raciocinio – bajo el atributo de pensamiento. El ser humano es un sólo y mismo afecto, pero según la lente o atributo bajo la cual lo percibamos se nos aparecerá de un modo u otro. Más generalmente, los atributos hacen referencia a la dimensión bajo la cual una determinada afección se manifiesta.

    Una vez que comprendemos cuáles son los elementos que conforman la Naturaleza, es menester que captemos cómo éstos se relacionan entre sí. Sólo así veremos cómo Spinoza resuelve problema entre el cuerpo y la mente que su antecesor provocó con su nueva filosofía. Para ello, Spinoza desarrollará una ontología determinista, en la que los afectos son necesariamente en la única sustancia, que identificará con Dios, y se desplegarán bajo unas mismas relaciones de causa y efecto bajo los atributos de Pensamiento y Extensión. Desarrollemos estas conclusiones.

    En primer lugar, el determinismo es introducido a golpe de axioma. Un axioma es una proposición universalmente válida, a partir de la cuál pueden deducirse nuevas proposiciones. En el caso de Spinoza, un poco de esfuerzo nos permitirá ver que los axiomas que conforman su determinismo son intuitivamente corroborados por la experiencia y, consecuentemente, tendrá sentido asumirlos como ciertos. Son los siguientes:

1.    "Lo que no puede concebirse por medio de otra cosa, debe concebirse por sí"
2.   "De una causa determinada se sigue necesariamente un efecto y, por el contrario, si no es dada una determinada causa, es imposible que se siga un efecto"
3.    "El conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa y le envuelve"
4.    "Una idea verdadera debe estar de acuerdo con el objeto del que es idea"

    Los tres primeros axiomas explican, en esencia, que todo lo que ocurre en la Naturaleza está motivado por una causa eficiente anterior. El primero excluye la posibilidad de que existan en la Naturaleza entidades que no presenten ninguna causa particular, incluyendo la posibilidad de que algo sea causa de sí mismo. De aquí se desprende que, efectivamente, la Naturaleza está compuesta exclusivamente por sustancias y afecciones. El segundo hace efectivas las relaciones de causa-efecto. Una mayor atención requiere el tercero. Este axioma, junto con el anterior, habilita el razonamiento deductivo como método de conocimiento de la Naturaleza. Muy brevemente, una deducción es un tipo de razonamiento por el cual, a partir de unas premisas, se obtiene una conclusión que estaba incluida en ellas. La característica esencial de una deducción es que la validez de la premisas implica necesariamente la validez de la conclusión. Es el razonamiento propio de las demostraciones matemáticas y, consecuentemente – en tanto que las emula precisamente para tratar que sus conclusiones sean universalmente válidas –, el mismo razonamiento que Spinoza emplea en su Ética. Como decíamos, la conjugación de los dos primeros axiomas aseguran la validez del conocimiento deductivo para conocer la Naturaleza: si nos es dada una causa determinada que conocemos adecuadamente, necesariamente por (2) se seguirá un determinado efecto, el cual podrá ser conocido gracias a (3), pues por hipótesis conocemos su causa. En esencia, a partir de unas premisas, hemos obtenido unas conclusiones cuya validez depende de las primeras; o lo que es lo mismo, hemos garantizado la efectividad de una deducción lógica acerca de las afecciones de la Naturaleza.

    Estos cuatro axiomas le permiten a Spinoza deducir multitud de propiedades acerca de las sustancia y de las afecciones. No merece la pena detallar el razonamiento, pero sí es necesario exponer los resultados básicos a fin de lograr a entender nuestro objetivo último, que es entender y construir la vida virtuosa según la concibe Spinoza. Muy brevemente, y junto a otros tres axiomas que no hemos enunciado, el holandés es capaz de deducir que la sustancia existe necesariamente y posee una infinidad de atributos. Además, es única, eterna y libre. Todas las afecciones acaecen en la sustancia, de suerte que están provocadas por ella y son concebidas en virtud de su omnipotencia, que consiste, no en la facultad de poder engendrar y destruir a placer, sino en haber determinado todas las afecciones exactamente en la manera en que lo ha hecho; ello en virtud de su esencia. Finalmente, esta sustancia es identificada como Dios, que también es la Naturaleza (Natura naturans).

    De todas las propiedades anteriores, la que más nos interesa es aquella que afirma que todo está determinado por Dios o la Naturaleza (Deu sive Natura). Esta consecuencia resulta coherente tan pronto como se deduce que sólo existe una única sustancia, puesto que necesariamente todo lo demás – es decir, las afecciones –, en virtud de su definición – lo que depende de otra cosa –, necesariamente dependerán, mediante una cadena infinitamente larga de afecciones que son sucesivas causas unas de otras, de Dios, o lo que es lo mismo, de la única sustancia. Estas relaciones de causa y efecto no deben entenderse, empero, como una disposición de afecciones sucesivas en el tiempo unas a otras, sino como el resultado de las leyes de la Naturaleza, o lo que es lo mismo, de la esencia de Dios misma. El determinismo de Spinoza no quiere decir que nuestro destino ya haya sido prefijado por Dios y nada podamos hacer para modificarlo, sino que en virtud de las leyes de la Naturaleza, de unas determinadas causas se siguen unos determinados efectos con arreglo a las causas que los motivan. Por tanto, y avanzando cómo se resolverá la cuestión acerca de la libertad en el mundo determinista de Spinoza, habrá que prestar atención en el ser humano, en calidad de causa de sus acciones, para dar cuenta de su libertad.

    Para comprender esto último hace falta un largo análisis argumentativo de la obra que será cubierto en publicaciones posteriores. En lo que resta de ésta, me gustaría ilustraros cómo la ontología de Spinoza resuelve el problema de la conexión entre la mente y el cuerpo.

    Realicemos primeramente una breve recapitulación. Anteriormente comentamos cómo Descartes distinguía tres tipos de sustancias, la infinita, la extensa y la pensante. Siendo diferentes entre sí, al francés se le presentaba la cuestión de explicar cómo se relacionan entre ellas, recurriendo para ello a la glándula pineal. No obstante, su argumentación no resultaba satisfactoria para Spinoza; si bien percibía como necesaria la distinción que su antecesor halló. Así, el problema seguía abierto. La resolución que Spinoza propone es lo que se conoce como la doctrina del paralelismo. Indirectamente, y salvo algunos pormenores, ya la hemos probado. El paralelismo afirma que "el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas". Esto es así gracias a los axiomas anteriores. En efecto, por (4) las ideas verdaderas se corresponden a sus cuerpos, y esta correspondencia ocurre en tanto que son una misma afección bajo atributos, respectivamente, de Pensamiento y Extensión. En tanto que son afecciones, son causa de otras afecciones posteriores bajo sendos atributos. Por (2) estos efectos, bajo atributo de Pensamiento, están determinados a ser por la idea que las causa. Como la idea de la causa es verdadera por hipótesis, las ideas de estos efectos son ciertas al haberse obtenido deductivamente. Al ser verdaderas, por tanto, por (4) vuelven a corresponderse con los cuerpos del que son idea. Por tanto, "el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas".

    Esto nos permite resolver el problema de la conexión entre la mente y el cuerpo. No sólo ocurre que la Mente sea la idea del Cuerpo, sino que además experimentamos la realidad desde ambas perspectivas o atributos, de forma que existe una correlación exacta entre ambos. ¿Por qué, entonces, existen cuerpos que provocan en nosotros sentimientos tales como el placer o la ira? Porque tales cuerpos son correspondidos por unas ideas verdaderas que no son sino la misma afección percibida bajo atributo de Pensamiento. ¿Por qué el remordimiento provoca que actuemos hasta sentirnos satisfechos? Porque el remordimiento, como sensación, es una modificación de nuestro Cuerpo, y por tanto, de nuestra Mente bajo atributo de Pensamiento. En ambos casos somos capaces de comprender el efecto bajo la idea verdadera de la causa. Esta idea del efecto, que es verdadera, se corresponde adecuadamente con su cuerpo, luego le hará padecer con arreglo sí misma, es decir, según lo que la idea exprese, sea ira, placer o remordimiento. Todo esto es posible, insisto, porque para Spinoza la Naturaleza está compuesta por una única sustancia, Dios, que posee infinidad de atributos; y porque todas las afecciones que son en Dios se desenvuelven bajo atributo de Extensión y bajo atributo de Pensamiento de una única y misma forma. El problema de la mente y el cuerpo queda, así pues, resuelto.

    A modo de conclusión, quería hacer resaltar un detalle. Así explicada, la doctrina del paralelismo depende fuertemente de que las ideas se sigan o se deduzcan unas a otras con arreglo a las leyes causa-efecto de la Naturaleza. ¿No sitúa esto al atributo de Pensamiento en un lugar privilegiado frente al resto, cuando el mismo Spinoza afirma que los atributos no son sino una perspectiva desde la cual captar las afecciones, y las relaciones de causa y efecto se suceden entre afecciones y somos nosotros quienes las captamos bajo un atributo u otro? Spinoza es consciente de esta pregunta, y la respuesta que le da es clave para comprender cómo alcanzar la libertad, que como adelantamos es condición necesaria y suficiente de la felicidad. La respuesta deberá esperar a la próxima publicación.  




"Tantas cabezas, tantos pareceres; cada uno abunda en su sentido; no hay menos diferencia entre los cerebros que entre los paladares. Y todos estos dichos demuestran que los hombres juzgan las cosas según la disposición de su cerebro, y más bien que conocerlas, las imaginan. Si las conociesen con claridad, tendrían, como dan fe de ello los Matemáticos, el poder, ya que no de atraer a la gente, al menos de convencer a todo el mundo".

*Cuadro: La creación de Adán (fragmento derecho)Miguel Ángel (1511)

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